J.M. Servín y Leonardo Iván Martínez Presentan

Altar Tacuba

de René Velázquez de León

 René Velázquez de León Collins

Artista gráfico nacido en 1963 en la Ciudad de México con un amplio recorrido en la cultura underground de la Ciudad de México. Su trabajo como diseñador y fotógrafo ha sido indispensable para proyectos editoriales como A Sangre Fría, Moho y Nitro Press.

Una obra convertida en plegaria desesperada por todo aquello que la nostalgia convirtió en pesadilla. Una ciudad ensimismada y violenta en esta ópera prima escrita con una fuerte carga de melancolía. – J. M. Servín

Producciones El Salario del Miedo

Producciones el Salario del Miedo tiene el propósito de publicar libros de bolsillo y cuadernos de gran formato de periodismo literario de alto nivel y políticamente incorrecto. Defendemos la subjetividad como elemento primordial de nuestro proyecto y nos hemos dado a la tarea de reunir a algunas de las voces más destacadas dentro de la crónica contemporánea mexicana.

Durante casi diez años hemos puesto a disposición de nuestros lectores veinte publicaciones donde el común denominador es narrar desde el mejor periodismo testimonial el aquí el ahora de un México complejo y delirante, sin clichés ni prejuicios, pues sus diferentes cronistas forman parte de nuestro presente y contribuyen de un modo u otro a nuestra percepción de una realidad nacional más amplia, rica y diversa.

Nuestras publicaciones están dirigidas a cualquier lector curioso, atento y exigente; quien encontrará propuestas literarias arriesgadas y gráfica de algunos de los fotógrafos e ilustradores más reconocidos del país.

En esta ocasión tenemos el gusto de presentar como novedad editorial Altar Tacuba, de René Velázquez de León. Así se expresa Guillermo Fadanelli en la introducción: “Cuando la ciudad comienza murmurar a nuestros oídos es que nos ha aceptado. Pasamos entonces a formar parte de su corte fúnebre o festiva. Somos el cadáver del que se alimenta, la ambición de su rapiña y de su vida misma: sangre de agua sucia.” Altar Tacuba viene acompañado de fotografías de Velázquez de León para complementar un rezo incendiario a la zona poniente de la ciudad de México, a sus barrios sórdidos y decaídos. Esta ópera prima es también una plegaria desesperada a todo aquello que la nostalgia convirtió en pesadilla.

Presentación

Guillermo Fadanelli

“Cuando la ciudad comienza a murmurar a nuestros oídos es que nos ha aceptado. Pasamos entonces a formar parte de su corte fúnebre o festiva. Somos el cadáver del que se alimenta, la ambición de su rapiña y de su vida misma: sangre de agua sucia. La ciudad y el cementerio eligen a sus habitantes porque nosotros, las sombras o fantasmas, hemos perdido tal privilegio. El observador tiene un paisaje grabado en sus pupilas y allí lo fugitivo permanece. Los hombres convertidos en cimiento y sangre, los habitantes de la ciudad tienen derecho a narrar su historia y a perpetuar el murmullo. Así lo ha hecho un habitante de la antigua Tacuba, René Velázquez de León, leal vecino de la colonia Clavería en Azcapotzalco, diseñador, artista y animador del movimiento subterráneo en las entrañas de la aglomeración urbana: de aquella multitud de piedra y carne que posee una historia, pero también de la ciudad extendida como una mancha enferma que ha dejado de sorprender. René edifica un altar, una puesta en escena de apariencia inmemorial, un libro en el que las imágenes, el murmullo de quienes jamás se marchan, los breves e incluso fugaces relatos se entrelazan como tejido vivo y a la vez petrificado gracias a la docta paciencia de un observador que recorre las calles de una ciudad que le ha sido impuesta como destino. “Caminar me esconde del mundo” leemos en las primeras páginas: imagen de un vagabundeo que se lleva a lo largo de toda una vida. La mujer obesa asciende las escaleras de un puente peatonal —extensión de la escalinata que te conduce simbólicamente a la cima de una pirámide—; un desgraciado duerme envuelto en andrajos sobre la acera percudida y angosta; brota la fachada del hotel barato en donde la puta duerme cuando fornica; y también las costras de pintura que se aferran al muro de un edificio, al metal del puesto callejero y a la puerta de la vecindad alguna vez habitada por seres que respiraban un aire diferente; en el horizonte se levanta la cruz que susurra a los cuatro vientos que sólo Jesús es capaz de salvar; todas estas imágenes son espejo y horizonte, luz y muerte, resignación y azoro perpetuo: sabemos lo que vemos y presentimos; sufrimos lo que somos. Los relatos y murmullos literarios que el autor de Altar Tacuba despliega en estas páginas son continuación y sustancia del barrio que él conoce hasta la altura de una sabia resignación y de un placer sin raíces que no se oculta: como cuando el personaje de estas andanzas barriales entra a un café de chinos y hojea revistas publicadas hace cuatro o cinco décadas. ¿Hacia dónde carajos se está fugando el tiempo? Y una especie de oración desesperada alza su volumen para después volver a ser sosiego: “Ciudad cárcel. Ciudad ruda, ciudad áspera, gente miserable y mezquina donde pasa todo y nada sucede, el eterno lugar, la nada; no existe en ella un sólo rincón digno, todo deviene lo mismo: barbarie.” Y esta ciudad, concentrada alrededor del metro Tacuba, merece ser narrada puesto que ya no puede ser vivida con decoro. Se impone en el ánimo la tarea de vagar entre las ruinas y los paisajes obscenos.”